lunes, 10 de junio de 2013

LA CARRERA FATAL

La palabra carrera indica competencia y en Hebreos 12:1 al pueblo de Dios se le compara con corredores en una carrera de larga distancia. Hoy, la carrera se ha corrompido y el premio se ha vuelto carnal. Si pudiéramos pasar tan sólo unos minutos en cielo, nunca más volveríamos a competir en una carrera carnal. ¡Si sólo pudiéramos experimentar un breve caminar en las puertas de la ciudad de Dios, bebiendo de su paz, de su belleza, del esplendor celestial; si oyéramos los grandes coros de ángeles cantando las glorias del Señor; si camináramos entre los patriarcas, los mártires, los apóstoles, los que salieron de la gran tribulación; si visitáramos a nuestros seres queridos que ya partieron; si sintiéramos el brillo de la luz santa de Dios; y más que todo, si vislumbráramos el rostro del resucitado Cordero de Dios y sintiéramos la gloria, el calor y el sentido de seguridad brillando desde Su presencia! ¿Volveríamos alguna vez a esta Tierra a retomar esta carrera fatal otra vez? ¡Nunca! Tú y yo viviríamos sólo para el Señor, rechazando al mundo y todos sus placeres y cosas carnales. ¡Correríamos Su carrera! Si pudiéramos pasar sólo unos minutos en el infierno, nunca seríamos los mismos. ¡Imagina lo que se sentiría ser absorbido por ese negro horno de fuego y tinieblas eternas; para súbitamente ser echados a un mundo demoníaco de impiedad, maldición, odio, lujuria y corrupción; para oír los gemidos de los condenados por la eternidad y fuéramos testigos de su terror, su crujir de dientes, su compañerismo con los hacedores de maldad, los que crucificaron al Señor Jesús; para oír los incesables sonidos de desesperanza, las inútiles oraciones de los condenados, levantando sus puños contra la justicia de Dios, maldiciendo el día en que nacieron; para sentir lo que significa estar perdidos, privados de Dios, de la verdad, del amor, de la paz y de toda comodidad! ¿Cómo podrías regresar a la Tierra después de tu corta visita al infierno y ser otra vez el mismo? ¿Volverías para seguir siendo negligente con la Palabra de Dios, con Su casa, con Su amor? ¿Regresarías a tus búsquedas egoístas de acumular oro y plata y luego orar para obtener aun más? Lo dudo. No, tú y yo viviríamos cada hora como si fuera nuestra última hora. ¿Quieres dejar de correr en vano y de dar golpes al aire? ¡Fija tu rostro y tu corazón para buscar al Señor como nunca antes! DAVID WILKERSON

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