viernes, 10 de febrero de 2012

LA BATALLA ES DEL SEÑOR

No importa cuál sea su problema en estos momentos, usted simplemente no puede
salir de él en sus propias fuerzas.

Para poder comprender cómo el Señor nos libra de nuestras aflicciones,
debemos estudiar cómo Él libró a Israel de su esclavitud. La Biblia dice:
“Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para
amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales.” (1 Corintios
10:11).

Todo lo que le sucedió a Israel -su esclavitud, sus pruebas, y liberación de
Egipto -son testimonios y ejemplos para nosotros hoy día.

El Señor le dijo a Moisés, “Bien he visto la aflicción de mi pueblo que
está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he
conocido sus angustias. Por eso he descendido para librarlos . . .” (Éxodo
3:7-8).

La Palabra de Dios dice claramente, “he conocido sus angustias.” Amado, si
esto no le da consuelo en su aflicción, nada lo hará. El Señor está
diciendo, “Yo sé por lo que tú estás pasando, pero no es tu batalla. ¡El
diablo, es demasiado para tí, así que yo he venido para librarte!”

“Yo soy Jehová. Yo os sacaré de debajo de las pesadas tareas de Egipto, os
libraré de su servidumbre y os redimiré con brazo extendido y con gran
justicia. Os tomaré como mi pueblo y seré vuestro Dios. Así sabréis que yo
soy Jehová, vuestro Dios, que os sacó de debajo de las pesadas tareas de
Egipto. Os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría
a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la daré por heredad. Yo soy Jehová.”
(Éxodo 6:6-8).

Intente con todas sus fuerzas librarse a sí mismo -sueñe, planee, manipule -
pero al final, Dios dice, “¡Este es Mi trabajo!”

Cuando David vino en contra del gigante, él dijo: “Y toda esta congregación
sabrá que Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la
batalla y él os entregará en nuestras manos.” (1 Samuel 17:47).

David no tomó este asunto con sus propias manos y dijo, “Yo voy a levantar
el arma y pelear esta batalla con mis propias fuerzas.” ¡No! Él sabía que
ésta era la batalla del Señor. 


DAVID WILKERSON