jueves, 5 de julio de 2012

CONOCIENDO LOS MOMENTOS DE REFRIGERIO

Yo creo  que en esta ocasión le estoy hablando a un grupo de gente santa que
ama a Jesús con todo su corazón y quienes se encuentran bajo una profunda
desesperación.

¿Cuál es el camino a la victoria?

1. Navegue en la Palabra de Dios. Agárrese de su promesa especial, llévesela
al lugar secreto de oración, y clámesela al Señor. Yo le presento mis
promesas favoritas al Señor en todo tiempo cuando clamo a Él:

  * “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una
piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros,
siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro
Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo
7:9-11).

Pídale al Señor cosas buenas pues Él está esperando dárselas a usted.
Pídale que lo libere, que tome toda su vergüenza, que remueva toda mancha de
pecado. Él  anhela hacer esto por usted.

  * “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en
nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades,
por los siglos de los siglos. Amén.” (Efesios 3:20-21).

Todos los días tome esta promesa de Dios, y dígale, “Padre, tú has dicho
que harás más allá de todo lo que yo te pida, por lo mismo hoy te pido que
contestes mi oración.” ¡Dios se complace al ver una fe abundante!

2.  Confíe en el Espíritu Santo. El Padre ha enviado Su Espíritu para que
habite en su corazón pero usted deberá reconocer que Él  está en usted para
contestarle. Dios no tiene que enviar a un ángel para que le hable a usted; Él
 ya ha puesto sus recursos dentro de usted -al mismo Espíritu Santo.

Dígale a Él , “Espíritu Santo, tú conoces la salida de este desastre. Yo
no. Esto se encuentra más allá de mí. Por lo tanto, yo renuncio en este
momento y te doy la dirección de mi vida. Sé que lo que estoy pasando no es
algo extraño a otros creyentes y voy a agarrarme del Señor, de sus preciosas
promesas. ¡Voy a confiar en que tú harás el resto pues conoces la mente de
Dios!"

Amigo, si usted hace esta simple confesión, usted experimentará tiempos de
refrigerio de parte del Señor. Aún cuanto usted esté listo para darse por
vencido, Él  permanece fiel para librarlo.



DAVID WILKERSON

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