jueves, 28 de junio de 2012

PROCLAMANDO LA VICTORIA


¿Qué espera Dios una vez que hemos sido rociados con la sangre de Jesús?
¿Estamos obligados a hacer algo por haber sido rociados? ¡Sí lo estamos! Si
hemos sido rociados con la sangre de Jesús, estamos encomendados a dos cosas:
Debemos caminar en paz y sin duda alguna.

Cuando Moisés roció la sangre sobre los pecadores israelitas, ellos nunca
dudaron de haber sido perdonados y aceptados por Dios. Ellos confiaron en ese
rocío.

Hoy, la sangre que ha sido rociada sobre nosotros no proviene de bueyes,
cabras, borregos sino de Cristo, el Cordero de Dios. Sin embargo, nosotros aún
tenemos dudas y mayores temores que los israelitas.

Martín Lutero dijo que era blasfemia tomar de regreso todos los pecados que le
fueron entregados a Cristo, y yo estoy de acuerdo con él. Es un sacrilegio
absoluto el andar en temor, culpa y condenación. Nosotros no debemos decir,
“La Biblia dice que por fe yo he sido limpiado, justificado y protegido del
poder de Satanás, no obstante yo no puedo creer que tal cosa tan gloriosa sea
posible.”

2. Nosotros debemos alabar a Dios con un corazón agradecido -sin dudar.

Nosotros somos encomendados a darle gracias a Dios con alabanzas por la
preciosa sangre de Jesús:
“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor
nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”
(Romanos 5:11).

“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; ¡cantad con júbilo todos vosotros
los rectos de corazón!” (Salmo 32:11).
“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; andará, Jehová, a la luz de
tu rostro.” (Salmo 89:15).
“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios,
porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia,
como a novio me atavió y como a novia adornada con sus joyas.” (Isaías
61:10).

Proclame la victoria de la sangre de Jesús sobre su vida y empiece a adorarle
ahora  mismo por la promesa de aquel gran día de redención.

DAVID WILKERSON

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