martes, 22 de enero de 2013

UN PEQUEÑO PA

Qué pequeño y simple paso hay entre dudar del amor de un padre a tomar el
asunto en nuestras propias manos. Pero, ¡qué trágico paso! En el momento de
forzar las cosas de acuerdo a tu voluntad, expones tu corazón a una avalancha
de maldad.

La primera cosa que cambió en los hermanos de José después de que comenzaron
a dudar del amor de su padre era la forma en que hablaban. Escúchalos: "Venid,
matémosle. No, echémosle en una cisterna. ¡Mejor aún, vendámosle a los
ismaelitas y hagamos un poco de dinero...!" Sus corazones se hincharon con
desprecio y traición, y de aquellos corazones corrompidos estalló un torrente
de palabras malvadas, el lenguaje del mundo.

El lenguaje profano es un signo seguro de un corazón endurecido. Los hermanos
de José se volvieron insensibles al pecado y sus conversaciones corrompidas
los condujeron a un comportamiento criminal. Primero hablaron como los malvados
y luego empezaron a actuar como ellos. En poco tiempo, se convirtieron en
criminales fríos y calculadores. No solamente pecaron, lo encubrieron y luego
se dedicaron a su negocio de cuidar ovejas como si nada hubiera pasado.

Cuan bajo caemos una vez que dudamos del amor de nuestro Padre. Cuan corruptos
e insensibles llegamos a ser. Malaquías, el profeta, advirtió a los hijos de
Israel acerca de la dureza de sus corazones. Al igual que los hermanos de
José, los israelitas habían caído en la trampa de la duda y terminaron
endurecidos en su pecado. El libro de Malaquías comienza: "Profecía de la
palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. Yo os he amado, dice
Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? (Malaquías 1:1-2). ¡Increíble! Se
atrevieron a decirle a Dios: "No vemos ninguna evidencia en nuestras vidas de
que nos amas o te preocupas por nosotros."



Muéstrame un cristiano que comienza a dudar del amor de Dios y decide tomar el
asunto en sus propias manos, y te mostraré un cristiano cuya conversación se
está volviendo corrupta. Casi de la noche a la mañana habrá un cambio
notable. Cuanto más duda, más impío su lenguaje se volverá. La forma en que
algunos cristianos hablan es absolutamente impactante. Alguna vez, hablaban con
devoto respeto y reverencia, pronunciando palabras de fe y gozo. Alguna vez,
hablaban suavemente, con un discurso de que edificaba. Ahora hablan brusca e
irreverentemente. Sus palabras revelan lo que hay en sus corazones: el miedo,
la incredulidad y la desesperación.



Desecha todos los pensamientos malos e incrédulos. ¡No continúes dudando del
gran amor de Dios!
DAVID WILKERSON 

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