lunes, 31 de marzo de 2014
UN TESTIMONIO DIGNO DE GLORIA
Vivimos en una época en la que las predicciones bíblicas se han vuelto
realidades visibles. Pablo escribió que en los últimos días vendrían
tiempos peligrosos en la Tierra (ver 2 Timoteo 3:1). Ahora mismo, están
ocurriendo cosas que no podíamos haber imaginado hace unos años.
Jesús predijo que los hombres se volverían amadores de sí mismos, amadores
del dinero, aborrecedores y arrogantes. Hoy en día, los líderes de nuestra
nación no pueden ponerse de acuerdo sobre los principios comunes más
elementales. Si alguien tiene la osadía de mencionar el pecado, es llamado
intolerante y es rechazado. A medida que la Palabra de Dios es movida al margen
de la cultura, el pecado prevalece más y más.
Los pastores sienten el bombardeo espiritual. Semana tras semana, me entero de
que otro matrimonio puede estar cayéndose a pedazos. Unos niños se cortaron
su propia piel por su propio odio. Las drogas se han extendido más que nunca.
Y cada día hay menos voces de ayuda, ya que cada mes 1,500 pastores dejan el
ministerio.
Como Cuerpo de Cristo, no podemos estar dormidos ante estas cosas. El Antiguo
Testamento habla de los hijos de Isacar, un grupo que tenía conocimiento de
los tiempos y habilidad para tratar con el mundo (ver 1 Crónicas 12:32).
¿Puede decirse lo mismo del cuerpo de Cristo hoy? Si discernimos los tiempos,
sabemos que éste no es un momento para medias tintas. La única forma que
nosotros tenemos de "tratar con el mundo" es no permitiendo que la iglesia sea
“lo de siempre”. Jesús dijo de ciertos espíritus demoníacos: "Este
género no sale sino con oración y ayuno" (Mateo 17:21). En estos momentos,
nuestras oraciones deben ser fervientes porque sin un cambio espiritual, el
panorama se ve demasiado sombrío.
En medio de la oscuridad, Jesús nos llama a ser luz. Y éste es nuestro
mensaje para tal hora: "Mayor es el que está en vosotros, que el que está en
el mundo" (1 Juan 4:4). Dios ha hecho obras impresionantes en la vida de Su
pueblo y cada uno de nosotros es llamado a proclamar Su gloria a través de un
testimonio digno de gloria.
¿Cómo es un testimonio digno de gloria? A este tipo de gloria (jactancia) me
estoy refiriendo: "Mas el que se gloría, gloríese en el Señor" (2 Corintios
10:17). Para jactarnos como Pablo describe, tenemos que tener una jactancia
digna de la gloria de Dios.
GARY WILKERSON
viernes, 28 de marzo de 2014
AYUDANTES EN ORACIÓN
Pablo estaba tan consciente de su necesidad por las oraciones de los santos,
que rogaba por “ayudantes en oración” por todas partes. Le rogó a los
romanos: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el
amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea
librado” (Romanos 15:30-31). Y le pidió a los tesalonicenses: “Hermanos,
orad por nosotros.” (1 Tesalonicenses 5:25).
En griego, la palabra “ayudéis” aquí significa “luchar conmigo como
compañero en oración; pelear por mí en oración”. Pablo no estaba pidiendo
una mención rápida ante el trono. Él estaba rogando: “Pelea por mí en
oración, Haz batalla espiritual tanto por mí, como por la causa del
evangelio.”
Cuando Pablo estaba en la prisión, listo para entregar su vida, les rogó a
los filipenses que oraran por él: “Porque sé que por vuestra oración y la
suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi
liberación” (Filipenses 1:19). Pablo sabía que era un hombre fichado, que
las huestes de Satanás estaban empeñadas en destruirlo, y así es con cada
verdadero ministro del evangelio. Cada pastor, predicador y evangelista
necesita ayudantes en oración que intercedan por él continuamente.
Les aseguro que yo no estaría escribiéndoles hoy si no fuera por los
ayudantes en oración que han estado a mi lado a través de los años. Fui
recordado de esto recientemente mientras estuve en Europa para conducir unas
conferencias de ministros y cruzadas nocturnas. Todo el tiempo, el Espíritu de
Dios me hizo saber que estaba siendo sostenido por las oraciones de multitudes
de personas.
En Niza, Francia, los norteamericanos no son muy queridos, en particular los
evangelistas norteamericanos. Todos se preocupaban por la cruzada
evangelística nocturna, pensando: “¿Se podrá llevar a cabo?”. Francia
está desenfrenada con escepticismo, ateísmo, gnosticismo e incredulidad. Y la
clase de reunión que planeamos nunca se había intentado antes.
Cuando llegó la hora, sin embargo, miles se habían reunido. Pero fue entonces
cuando comencé a sentirme icapaz. No sabía qué predicar, porque ningún
mensaje de los que tenia preparados parecía apropiado. Mi intérprete y yo
habíamos revisado algunas notas de antemano, pero no estaba seguro si eran
apropiadas para la reunión. Le advertí: “No estoy seguro de lo que voy a
decir.”
Cuando pasé al podio, no obstante, el Espíritu cayó sobre mí poderosamente.
Sentí las oraciones de miles de santos respaldándome, y mientras comenzaba a
hablar, el Espíritu Santo llenó mi boca. Prediqué por cuarenta minutos, y
durante todo ese tiempo se podía escuchar un alfiler caer al suelo. Cuando
terminé, simplemente dije: “Si necesitas a Jesús, por favor pasa al
frente”, y cientos de personas se pusieron en pie de un salto en respuesta.
DAVID WILKERSON
jueves, 27 de marzo de 2014
NO CON ORACIONES A MEDIAS
Como siervos del Señor, estamos en peligro constante del enemigo. Nuestro amor
por Jesús es una amenaza a todo el infierno y no podemos tomar ninguna obra
santa sin que Satanás ponga toda clase de lazos y trampas para nosotros.
Recientemente, una consejera matrimonial me llamó: “Dondequiera que miro en
nuestra iglesia, las parejas se están separando”, me dijo. “Literalmente,
es una plaga en el cuerpo de Cristo ahora mismo”.
Escucho toda clase de razonas por el descontrol en hogares cristianos:
incompatibilidad, falta de comunicación, pérdida de afecto, infidelidad. Pero
en realidad, es algo que va mas allá de eso. Detrás de todo, es un ataque del
infierno contra los santos de Dios.
La causa de los hogares rotos entre inconversos no es un misterio. Pero entre
los justos, tal descontrol tiene una causa. Piénsalo, ¿Cómo pueden perder la
autoridad en sus hogares los cristianos dedicados que han estado escuchando
predicación santa por años? Ellos conocen muy bien el juramento de Dios en su
pacto de ser su fortaleza. Ellos saben que Él promete destruir cada poder
satánico que venga contra ellos. Así que, ¿Por qué el diablo está
prevaleciendo? ¿Por qué sus matrimonios están bajo constante amenaza?
Creo que es porque al menos un integrante de la pareja ha abierto la puerta al
engaño satánico. Quizás ambos han permitido algo de liviandad en sus vidas,
o se han vuelto espiritualmente flojos. Y ahora un demonio enfurecido ha
obtenido una fortaleza en sus corazones y hogar.
Si estás bajo ataque como este, debes preguntar lo que los discípulos
preguntaron: “Maestro, ¿Por qué no pudimos echar fuera esos demonios?”
Jesús respondió que ciertas ataduras satánicas no responderán a la
imposición de manos o una sola oración a medias. Estas fortalezas están
arraigadas tan profundamente, que la única forma de echarlas fuera es a
través de oración y ayuno continuo.
Sin embargo, la iglesia de hoy está en un adormecimiento en relación al poder
de la oración. Un velo ha caído sobre los ojos de millones. Y ahora, cada vez
que confrontan problemas, el último a quien van es a Jesús. Han abandonado el
aposento secreto, y a cambio, se han vuelto a la sicología, consejeros, libros,
amigos; a todo, menos al Señor.
Si dices que tu matrimonio está arruinado y quieres que sea sanado, tengo que
preguntarte ¿Cuánto tiempo pasas a solas con Dios? ¿Cuántas veces has
apagado el televisor por una hora para solamente sentarte ante Jesús y
descargar tu alma? ¿Cuántas comidas has dejado para ayunar por tu matrimonio?
“La oración eficaz del justo puede mucho.”(Santiago 5:16)
DAVID WILKERSON
miércoles, 26 de marzo de 2014
IMITAD SU FE
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios;
considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:7-8).
A menudo se me llenan los ojos de lágrimas cuando medito sobre este pasaje y
sus repercusiones. Me dirijo solemnemente a cada padre, pastor, cristiano
maduro y persona en una posición de influencia que esté leyendo estas
palabras. ¿Te das cuenta de que este pasaje afirma que el pueblo de Dios
(nuestros hijos, familia, amigos y toda alma preciosa que nuestro Señor pone
en nuestro camino) debe ser capaz de observar nuestra fe y confianza en Dios a
través de todas las pruebas y tormentas, nuestros valores más profundos,
nuestra pasión, nuestras reacciones, nuestras decisiones y prioridades reales
y, literalmente, imitar nuestra fe? Este principio inmutable y extraordinario
significa que mi vida debe llegar a ser un testimonio, una proclamación e
irrefutable prueba de que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
¡Dios quiere que mi fe y mi confianza en Él le supliquen a todo aquel que
está observando mi vida - y se sienta tentado a alejarse – a creer que Dios
es fiel, Él nunca cambia, y el que confía en Él nunca será decepcionado!
Dios quiere que tus hijos y los míos testifiquen a sus amigos que fue
“observando a mis padres vivir su fe, día tras día, a través de las
terribles tragedias y pruebas de la vida, a través de cada dolor y conflicto,
que decidí vivir para Dios. La fe de mis padres me demostró que Dios está
vivo y es el mismo ayer, hoy y siempre”.
Es de suma importancia para cada creyente darse cuenta de que posee una esfera
de influencia que es exclusivamente suya. Cada uno de nosotros tenemos contacto
con gente que podemos sensibilizar o influenciar, una obra para completar o un
propósito que cumplir que nadie más puede hacer. ¡Querido lector, las
personas que Dios predestinó a ser influenciadas por ti -el destino eterno que
has sido llamado a cumplir- ni siquiera el más grande hombre de Dios en el
mundo puede hacerlo! Es tu fe la que debe producir el fruto de confianza en
Dios en las personas que te rodean.
CLAUDE
martes, 25 de marzo de 2014
ÉL NO NOS CONDENA
El acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios
día y noche" (Apocalipsis 12:10). Las acusaciones de Satanás son una de las
cosas con las que Jesús vino a tratar como nuestro Pacto Viviente. Dios no
envió una teología para aplastar las mentiras de Satanás, ¡Él envió a
Jesús! La profecía más antigua en Génesis declaró que Satanás heriría el
calcañar del Mesías, pero Jesús aplastaría la cabeza del diablo (ver
Génesis 3:15). Hace dos mil años, Jesús trajo esa realidad a nuestras vidas.
De vez en cuando me despierto en medio de la noche con una ansiedad incierta.
Es como si hubiera hecho algo malo, pero no sé qué. Ese sentir viene del
acusador. Él susurra: "Tú no sirves, no vales, eres una carga para los
demás. Mira tu pasado, ¿cuántas veces lo has arruinado? Nunca cambiarás".
Nuestra relación con esa voz comenzó en el huerto del Edén, pero cuando
Jesús vino, Él declaró: "Eso termina ahora mismo", añadiendo una asombrosa
tranquilidad: "No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre" (Juan
5:45).
Jesús le dijo a la mujer sorprendida en adulterio: "Ni yo te condeno; vete, y
no peques más" (Juan 8:11).
¡Es absolutamente esencial que nosotros construyamos sobre el firme fundamento
de la certeza de que Dios no nos acusa! Este fundamento no se basa en leyes,
acusaciones o desengaños, sino en la gloriosa acción de gracia de Dios mismo.
Cuando Él oye una acusación contra nosotros, le dice a Jesús: "Aplástala".
En ese momento, oiremos la voz del Espíritu Santo diciendo: "No oigas esa
mentira, pues ya fue destruida en la cruz. Dios no te acusa, porque Su Hijo te
ha hecho libre".
Vamos a pecar, la Biblia lo indica claramente. Pero cuando lo hacemos, la voz
que oiremos, será la del Espíritu Santo. Él nos da convicción por nuestras
transgresiones, sin embargo, es una convicción esperanzadora, una que conduce
a un arrepentimiento gozoso y no a una pérdida de esperanza.
Se nos ha dado a Jesús y en nuestro tiempo de desánimo, oiremos Su voz por
encima de todas los demás: "Ni yo te condeno". Que Dios te provea de Su gracia
para edificar sobre ese fundamento ¡y regocíjate!
GARY WILKERSON
viernes, 21 de marzo de 2014
¡ETERNAMENTE SUYO!
Quizás piensas, ¿cuántas veces te perdonará el Señor por cometer el mismo
pecado una y otra vez? Puedes estar seguro de que Su increíble perdón es
ilimitado. Cada vez que pecas, puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Sin
embargo, el perdón del Señor no es tonto ni ciego. Es cierto que nuestro
Padre celestial nos perdona, pero en cierto punto, nos castiga para que no
sigamos en ese pecado.
Cuando mis cuatro hijos estaban creciendo, tuve que castigarlos por portarse
mal. Los llamaba a mi habitación para pegarles y comenzaban a llorar,
gritando: “¡No, papi, lo siento! ¡Por favor, perdóname!”
Yo los perdonaba, pero eso no me detenía de aplicarles la correa. Yo sabía
que si no lo hacía, iba a perder significado para ellos, se convertiría en
una broma en lugar de una fuente de disciplina. De igual manera, la ley de Dios
existe para recordarnos Sus normas santas, Sus caminos ¡y que Él hace lo que
dice!
Déjame dejarte con una palabra de esperanza. Si estás en las profundidades
ahora mismo por tu pecado, anímate. Él te está castigando a causa de Su
tierno amor. ¡Él quiere que sepas lo que es temerle!
Exactamente, ¿qué significa temer al Señor? Significa poder decir: “Sé
que mi Padre me ama. Le pertenezco con total seguridad y sé que Él nunca me
abandonará. El siente mi dolor cada vez que lucho y es paciente conmigo
mientras lucho contra el pecado. Él siempre está listo para perdonarme cada
vez que le invoco, pero también sé que nunca va a permitir que continúe
desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no impedirá mi corrección
¡porque Él me ama profundamente!”
Ese es el punto de todo. Dios quiere que aceptemos Su perdón para que Le
temamos. “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo
130:4). Una vez que temamos al Señor, querremos más que sólo obedecerle.
Querremos agradarle, poner una sonrisa en Su rostro. ¡Ese es el resultado
bendito del temor santo de Dios!
DAVID WILKERSON
lunes, 17 de marzo de 2014
EL SEÑOR, JUSTICIA NUESTRA
“En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de
justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jeremías 33:15). ¿A qué
“días” se está refiriendo Dios aquí? Él está hablando del tiempo cuando
se cumpliría la visión, y el “Renuevo de justicia” que él menciona, ¡no
es otro que el Señor Jesucristo!
Amados, Dios ha cumplido esta visión a través de la muerte y la resurrección
de Su Hijo Jesucristo. Él ha establecido Su iglesia, y el nombre de esta
iglesia no es ni bautista, ni pentecostal, ni ningún otro nombre sino:
“Jehová, justicia nuestra” (Versículo 16).
Pero la noticia más maravillosa de todas es que Dios dice de esta iglesia:
“Y me será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas
las naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y
temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré”
(Versículo 9).
El significado literal de esta última frase es: “Ellos se estremecerán y se
asombrarán, sobrecogidos y llenos de temor de Dios”. Dios estaba diciendo:
“¡Voy a hacer algo tan asombroso, tan claramente lleno de Mi paz y verdad
abundante, que Mi pueblo temblará con temor!”.
Pero, ¿Qué causará este temor y temblor? ¿Será un mensaje duro de juicio?
¿Predicación legalista? ¿Una expresión de la ira de Dios? ¡No! Todo el
temor y el temblor vendrán por la revelación de la bondad de Dios y por la
expresión de Su bendición inmerecida, dándole a su pueblo paz y reposo
abundante.
Cuando el Señor prometió ser la justicia de su pueblo por fe, ¿Acaso
repentinamente los israelitas comenzaron a caminar descuidadamente, bajando sus
estándares de santidad? No, de ninguna manera. En vez de eso, ¡Su promesa de
paz y reposo les hizo temblar de temor!
DAVID WILKERSON
Vemos un cuadro de este temblor santo en Marcos 4. Cuando una tormenta
amenazaba las vidas de los discípulos, Jesús reprendió al viento y el mar
diciendo: "Calla, enmudece” (Marcos 4:39). ¿Cómo reaccionaron los
discípulos frente a esto? Las Escrituras dicen: “Entonces temieron con gran
temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el
mar le obedecen?” (Versículo 31).
¿Por qué estos hombres “temieron con gran temor”? Fue porque Él calmó
la tormenta, trayendo paz y calma. Es decir, temblaron al ver la bondad que
Cristo mostró a sus seguidores infieles, no merecedores de ella.
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