domingo, 28 de julio de 2013
OBRAS DE TINIEBLAS
“Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si
la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
(Mateo 6:23). La Escritura deja en claro que los pecados ocultos son “obra de
las tinieblas”. Sabemos por la Palabra de Dios que la luz no tiene comunión
con las tinieblas.
Pedro nos dice que Cristo “predicó a los espíritus encarcelados, los que en
otro tiempo desobedecieron” (1 Pedro 3:19-20). La desobediencia envió a esas
almas a una prisión de oscuridad. De igual manera hoy en día, cada acto
voluntario de desobediencia hace que la luz del discernimiento dentro de
nosotros se vaya oscureciendo. Al pasar el tiempo, nuestra percepción de la
verdad se va distorsionando y nuestro “cielo abierto” se vuelve cada vez
más nublado.
El Señor sufre grandemente cuando el pecado oculto trae densa oscuridad a
nuestras almas. Y nada le entristece más que cuando resistimos y rechazamos
Sus amonestaciones y la convicción de pecado. Considera este caso trágico
descrito en una carta que recibimos:
“Mi esposo se ha entregado completamente a la pornografía por Internet.
Ahora presenté una demanda para el divorcio y a él ni siquiera le importa.
Estuvimos felizmente casados durante veinticinco años antes que esto
sucediera. No podía entender por qué él pasaba tanto tiempo encerrado en su
cuarto con su computador. Entonces cierto día entré, y quedé impactada por
la horrible suciedad que vi en la pantalla. Él se obsesionó. Su personalidad
cambió y una maldad vino sobre él. Entonces supe que se había hecho un
adicto. Él me dijo: ‘No puedo evitarlo. Voy a hacer lo que me dé la
gana.’”
El apóstol Pablo hace una declaración horrible dirigida a aquellos que
“andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:17). Tales personas justifican
su pecado, ya no buscan liberarse de él. Pablo dice de ellos: “teniendo el
entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en
ellos hay, por la dureza de su corazón”. (Versículo 18)
¿Cómo fue que quedaron tan a oscuras y fueron cegados? Ellos cayeron bajo una
ceguera que viene sobre todos los que se entregan al pecado: “los cuales,
después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para
cometer con avidez toda clase de impureza.” (Versículo 19).
John Owen, el escritor puritano, explica el trágico resultado: “Un hombre
bajo el poder de una lujuria predominante está bajo una falsa seguridad y no
discierne los tiempos peligrosos que vienen.”
DAVID WILKERSON
viernes, 26 de julio de 2013
ÉL NOS ADOPTÓ
Creo que las dificultades a menudo nos sirven para llevarnos a la madurez y
sacarnos de ataduras infantiles. Considera como reaccionan los niños: un
minuto están riendo, y al otro están gritando. Son heridos con facilidad y
lloran en demasía. Pero a pesar de esto, los padres piadosos aman y confortan
a sus hijos a través de todas las experiencias de la vida.
De igual manera, como cristianos, algunas veces hacemos pucheros o rabietas
carnales cuando enfrentamos tiempos difíciles. Exclamamos: “Esta bien, Dios,
si esa es la manera en que vas a tratarme, si tu vas a seguir permitiendo que me
pasen cosas malas, entonces, ¿por qué tendría que seguir orando a Ti?
Sin embargo, nuestro Padre celestial nos ama y conforta a través de cada
rabieta, cada preocupación, cada uno de nuestros altibajos infantiles. Su gran
deseo es que en medio de nuestras pruebas comencemos a echar mano del
conocimiento de quiénes somos y de qué poseemos como Sus hijos. Él sabe que
cuando somos sacudidos por el viento y las olas de nuestras emociones, a menudo
olvidamos que somos Sus hijos y comenzamos a vivir muy por debajo de nuestros
privilegios. ¡Sin embargo, su Palabra nos dice que somos Sus herederos y
coherederos con nuestro hermano mayor, Jesús!
“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere
del esclavo, aunque es señor de todo;” (Gálatas 4:1). Pablo estaba hablando
de una costumbre Romana de la época. Un niño podía ser adoptado por un hombre
rico y entonces era puesto bajo un tutor hasta que cumpliera los ocho años de
edad. Desde de los ocho hasta los veinticinco años, el niño era puesto bajo
la autoridad de un guardián. Durante todos esos años, el niño era heredero
de una fortuna, sin embargo, virtualmente no tenía control o poder sobre su
vida.
Pablo dice que este niño es una ilustración de aquellos que están bajo la
ley. La ley es el tutor que nos instruye en los mandamientos de Dios. Pero
llega el tiempo en que la escuela termina y tenemos que ocupar nuestro lugar
como herederos de las riquezas de Dios por medio de la gracia de Cristo. Sin
embargo, muchos cristianos siguen viviendo de acuerdo a las buenas obras y
reglas sin comprender su posición como hijos de Dios. “Cuando éramos
niños, estábamos en esclavitud” (Versículo 3). Ellos aún están sirviendo
a Dios como esclavos, atados por el temor, la culpa y la desesperación, porque
no entienden su adopción.
Pablo le dice a tales creyentes: “Aun eres niño en tus pensamientos,
esforzándote bajo la esclavitud de leyes que tú mismo estableciste. ¿No ves
que ahora eres señor sobre todas las cosas, capaz de participar en todo lo que
tu Padre posee? Él te adoptó, te amó y te puso en la escuela para
prepararte”.
DAVID WILKERSON
jueves, 25 de julio de 2013
INCLUSO EL APÓSTOL PABLO TUVO DÍAS MALOS
Pablo fue azotado con un día malo mientras viajaba por Macedonia. “Cuando
vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo
fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios
7:5). Este hombre piadoso confesó que su hombre interior estaba plagado no
solo por un temor, ¡sino qué por muchos temores!
Ciertamente, Pablo no era un súper humano. Él estaba sujeto a las mismas
emociones humanas que nosotros enfrentamos. En una ocasión, todos los
creyentes de Asia se habían vuelto en su contra, aquellos por los cuales él
había dado su vida. Él escribió: “…aunque amándoos más, sea amado
menos” (2 Corintios 12:15).
Sí, Pablo tuvo días terribles. Pero nunca cedió a las emociones y
tentaciones que les acompañaban. Él testificó en su peor momento: “lleno
estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.”
(2 Corintios 7:4). Entonces añadió: “Pero Dios, que consuela a los
humildes, nos consoló…” (verso 6).
¿Estás pasando por un mal día, una mala semana, un largo período de
desaliento? ¿Estás decaído, desanimado, con pensamientos de abandonarlo
todo? Si esto te describe, entonces, ¿cómo crees que Dios reacciona a tu
prueba? ¿Acaso te reprende o te castiga? ¡No, nunca! Pablo declara: “El
Señor nunca ha estado más cerca de ti, y más dispuesto a ayudarte que cuando
estas decaído y herido”.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas
nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que
están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros
somos consolados por Dios.” (2 Corintios 1:3-4). La palabra griega para
“consolación” aquí significa “confortar o alentar, llamar cerca.”
¡Qué maravillosa verdad! Cuándo experimentamos días malos, nuestro Padre
celestial saca provecho de ellos para acercarnos más a Él.
DAVID WILKERSON
miércoles, 24 de julio de 2013
UN CIELO ABIERTO
Entonces Jesús se volvió a Natanael y le dijo: “De cierto, de cierto os
digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que
suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Juan 1:51). La expresión
griega aquí viene de una raíz que sugiere “repetitivamente”. En otras
palabras, Jesús le estaba diciendo a Natanael: “Dios va a darte revelaciones
en forma continua”.
De la misma manera, Dios hace este pacto con todo ministro del evangelio que
vive una vida irreprensible, sin pecado oculto o secretos oscuros. Tal siervo
recibe un continuo fluir de la revelación de la gloria de Cristo. Y él actúa
como un oráculo de Dios, recibiendo continuamente una palabra fresca del cielo.
Muchas veces me sorprendo por las palabras frescas y ungidas que escucho en
estos días provenientes de una cantidad de predicadores jóvenes desconocidos.
Recibimos muchas grabaciones de predicaciones de todo el país, y ocasionalmente
una grabación contiene un mensaje así. Cuando escucho este tipo de visión
pura de Cristo, a veces llamo al ministro que predica y le pido más
grabaciones.
Si las grabaciones prueban ser consistentes en visión y mensaje, el predicador
puede ser invitado a predicar en nuestra iglesia de Times Square. De hecho, así
fue como conseguimos a nuestro pastor asociado Carter Conlon.
Tales siervos son francos y sencillos en su caminar con Dios, y sus vidas son
libros abiertos. Son devotos a sus familias y ni siquiera dan una señal de
ambición. En vez de eso, pastorean felizmente pequeñas congregaciones,
pasando muchas de sus horas del día solos en oración. Su mismísima presencia
está llena del Espíritu de Dios y las revelaciones de Cristo fluyen de ellos
como ríos de vida.
Nuestra iglesia está compuesta también de ancianos piadosos. A menudo cuando
escucho a estos hombres enseñar, muevo la cabeza en señal de asombro, y me
pregunto: “¿De dónde sacaron estos siervos de Dios tan increíbles
revelaciones de la gloria, poder y suficiencia de Cristo? Ellos no tienen
adiestramiento teológico, sin embargo, ¡están enseñando raudales de
revelación pura y santa!
Como Natanael, estos son siervos en quienes no se encuentra malicia, ni hábito
secreto o pecado. Por lo tanto, ellos pueden ver, oír y discernir la voz de
Dios hacia ellos y ¡reconocer el latido de Su corazón claramente!
DAVID WILKERSON
lunes, 22 de julio de 2013
EL PRÓDIGO Y SU HERMANO
Tanto el hijo pródigo, como su hermano eran igualmente pecaminosos. El más
joven no había entendido el propósito de la gracia, el cual es crecer hasta
la madurez de la santidad. Pero el hijo mayor nunca conoció el corazón de su
padre. Siempre trató de ganarse el amor de su padre por su obediencia y sus
actos. Él no podía aceptar que su padre siempre lo había amado
incondicionalmente, totalmente aparte de sus buenas obras. La verdad es que su
padre lo amaba simplemente porque había nacido de él.
“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le
rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos
años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un
cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha
consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”
(Lucas 15:28-30).
El hijo mayor estaba diciéndole a su padre: “Todos estos años, he trabajado
tan duramente para agradarte, pero tú nunca me has mostrado este tipo de amor.
Por lo menos yo nunca lo he sentido”. Esto resume la raíz del problema del
hijo que protestaba. Él pensaba que él había ganado, a través de buenas
obras, lo que su hermano menor había recibido a través de la gracia.
A todo legalista le cuesta dejar de lado la obra de la carne. ¿Por qué?
¡Porque nuestra carne quiere hacer cosas para Dios! Queremos ser capaces de
decir: “Me gané mi paz en el Señor. He ayunado, he orado, he hecho todo
para obtener la victoria. He trabajado duro y ahora finalmente, lo he
logrado”.
Si somos honestos, veremos que nuestra carne siempre protesta contra la
dependencia en el Señor. No queremos depender de Su misericordia y de Su
gracia o reconocer que sólo Él nos puede dar el poder, la sabiduría y la
autoridad para vivir como vencedores.
Debemos tener cuidado de no hacer la protesta del hermano mayor. Es una
protesta de la soberbia humana y ¡es un hedor en la nariz de Dios!
DAVID WILKERSON
viernes, 19 de julio de 2013
MEDITAD SOBRE VUESTROS TUS CAMINOS
Gracias a Dios por el profeta Hageo. Él era un hombre de Dios, viviendo en
victoria, alguien que tenía la mente de Dios, que caminó en la gracia, y que
tenía el cielo abierto. Llegó al lugar del templo (que no estaba terminado)
en Jerusalén y les dio esta advertencia a Zorobabel y a Josué: “¿Es para
vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y
esta casa [de Dios] está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos” (Hageo 1:4-5).
Éste era un llamado para dejar de enfocarse en sí mismos, no sólo en su
comodidad, sino también en su desesperación. Hageo estaba diciendo: "¡Olvida
el pasado! Es hora de levantarse de su letargo. A pesar de todo su pecado, Dios
quiere que continúen Su obra desde donde la dejaron. Ahora, recojan sus
instrumentos de trabajo y recuperen su confianza en el Señor. ¡Vuelvan a su
lugar secreto de oración y a confiar en Dios. ¡Pronto escucharán su voz otra
vez!"
La Escritura dice: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel…y el
espíritu de Josué…y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y
trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (versículo 14).
Luego Dios les dio esta promesa: “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde
este día en adelante…desde este día os bendeciré” (2:18-19).
Zorobabel y Josué volvieron a caminar una vez más en fe y en justicia. Y
ahora el profeta les trajo la mejor palabra de todo: ¡Dios iba a derribar el
obstáculo que casi los destruyó! “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante
de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con
aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:7).
Amado, en esto consiste tu tribulación presente. Dios despertará una vez más
tu corazón y verás el cumplimiento de tu llamado. El Espíritu Santo va a
destruir todas las fortalezas en tu vida, no por tu fuerza, sino por la de Él.
Entonces, terminarás el curso que Dios ha puesto delante de ti. Y, como
Zacarías, lo harás con gritos: “¡Gracia, gracia! ¡Dios ha sido
misericordioso y fiel conmigo!”
DAVID WILKERSON
jueves, 18 de julio de 2013
EL CLAMOR DE UN CORAZÓN ARREPENTIDO
“Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la
casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le
preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha
hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se
enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que
entrase” (Lucas 15:25-28).
El hermano mayor del pródigo se molestaba más y más. Después de todo, él
había servido diligentemente a su padre por años, nunca había transgredido
ningún mandamiento. Él estaba erguido según la ley y se había mantenido
escrupulosamente limpio.
Así, asomándose por esa ventana, este hijo mayor vio la visión de gracia
más grande dada a la humanidad: El padre estaba abrazando a un hijo
arrepentido, perdido. Él no formuló pregunta alguna ni sermoneó; por el
contrario, lo vistió con un vestido nuevo y lo puso de vuelta en su posición
inicial de favor y bendición plenos. ¡Luego, lo trajo a la fiesta!
La visión que este hijo mayor tuvo fue que una persona puede arrepentirse, sin
importar cuánto se haya hundido, si es que simplemente deja de manejar su
propia vida y vuelve al padre. Pero el hermano mayor protestó y se negó a ir
a la fiesta. ¿Por qué? ¡Él no quería participar de lo que él vio como una
gracia fácil!
Es típico que una mente legalista proteste ante una muestra generosa de gracia
para con un hijo apartado que retorna. Muchos cristianos, sentados al costado de
drogadictos o alcohólicos en la iglesia, piensan: “Gracias a Dios yo nunca
pequé de esa forma. Él podría caer otra vez mañana”.
La Escritura dice que este tipo de orgullo es más letal que cualquier
adicción: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1
Corintios 10:12).
La verdad es que cuando el pródigo vio a su hermano mayor mirándolo con el
ceño fruncido desde la ventana, probablemente pensó: “¡Oh, mi hermano, si
sólo supieras cuánto te admiro! Tú nunca te fuiste a pecar como yo lo hice.
Tú tienes el mejor testimonio. Y deberé vivir toda mi vida con el recuerdo de
haber traído vergüenza al buen nombre de nuestra familia. Sé que no merezco
nada de esto. De hecho, tú deberías estar en este lugar. ¡Cuánto deseo
haber tenido comunión contigo!”
“Ése es el clamor de un corazón verdaderamente arrepentido y humillado!
DAVID WILKERSON
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